El Periodismo tradicional, las Redes Sociales, y el Monopolio en el manejo de noticias en la prensa

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Rey Díaz

Ciudad de Nueva York, 30 de Diciembre, 2018.

zoolaar@live.com

Poco a poco, las redes sociales han ido desplazando la prensa escrita, radial y televisada. Y lo que ayer fue catalogado como periodismo amarillo, hoy se ha ido convirtiendo en noticia falsa. No me mal interpreten, el periodismo amarillo está cargado de un sensacionalismo que va desde la morbosidad, hasta el sadismo. Juega con el morbo de quienes se ven atraídos por ese tipo de reportajes que producen cierta sensación emotiva en las neuronas del cerebro humano, mientras que la noticia falsa es eso mismo, un informe no verídico cuyo propósito es distorsionar y confundir.

El periodismo corporativo que divulga falsas noticias está protegido por acuerdos no convencionales que busca ocultarse y lucrarse detrás de entidades que operan bajo la sombra del anonimato en las redes sociales, patrocinadas por gobiernos, instituciones, y empresas públicas, o privadas, que a su vez se benefician de la manipulación de los datos; incidiendo en la toma de decisiones de la gente, en defensa de sus propios intereses económicos.

Entre otras cosas, el propósito es obvio, mantener desinformado al público, influenciar en las decisiones de la gente sobre lo que ellos compran, o venden. También inciden en las decisiones del público, manipulando a la gente por quién deben votar en las próximas elecciones locales o nacionales. Es decir, manipulan los datos para influenciar la decisión del lector, o el oyente que navega por las redes sociales, o que son asiduos lectores de los periódicos tradicionales. Es notable que estas instituciones, manipulan los datos de las encuestas a tal punto que ejercen un control casi absoluto en las decisiones de los votantes.

Esas empresas dedicadas al “marketing” reciben como pago por sus labores, sumas millonarias porque manipulan psicológicamente las decisiones de los consumidores. Los gobiernos y las instituciones invierten en este tipo de servicio, miles de millones de dólares porque garantizan los resultados, de lo que andan buscando obtener quienes se benefician con el servicio de estas empresas.

Es interesante observar que los medios tradicionales de comunicación social que antes solo publicaban noticias de intereses de aquellos bandos políticos, sociales y económicos están quedándose atrás en el número de usuarios que utilizan esos servicios.

Tradicionalmente los supuestos especialistas como son los periodistas, abogados, locutores y comunicadores sociales de vasta experiencia, eran los preferidos entre los gobiernos y por las elites empresariales publicitarias que fueron convirtiendo a esos personajes, con el tiempo, en magnates de la comunicación. Estos presentadores y comentaristas fueron alcanzando relevancia dentro del público, añadiendo sumas multimillonarias a su patrimonio económico.

Años atrás, solo las elites tenían el patrocinio en los medios de comunicación debido a que el alto costo de la programación, la educación profesional requerida para ese oficio y la inversión de estas grandes corporaciones hicieron de la comunicación una profesión clasista, y elitista, inclinada solo a defender los intereses de un grupo social, económico y político. En ese tiempo el público tenía que conformarse sumisamente con lo que esas élites ofertaban a la población.

Esta situación fue creando empresas que monopolizaron la industria entre las sociedades modernas y esto dio pie a los grandes capitales que se crearon y que todavía siguen teniendo gran incidencia en el tipo de sociedad que tenemos. El capital invertido fue ganando intereses, creando grandes monopolios en varios países, representativos de la elite social y a través del tiempo estas corporaciones fueron acumulando cientos de medios, manipulando el contenido de lo difundido según los intereses que representan.

En todo caso, estos monopolios han visto crecer su capital al lado de gobiernos que fomentan la corrupción, y en la medida que estos apoyan la cúpula política en el poder, así mismo sus capitales y empresas experimentan el boom de un crecimiento económico injustificable. En ese sentido, los empresarios ven crecer sus fortunas, al igual que sus voceros quienes trabajan para esos medios, lucrándose en forma acelerada de los bienes que esas empresas producen.

La prensa escrita, radial y televisada que obedece a este formato representa los intereses de una clase déspota, que con frecuencia está ligada a los poderes del gobierno de turno. Cuando el periodismo se ejerce para la defensa de los intereses del pueblo, este entra en conflicto con el gobierno de turno, como es el caso de la prensa en Venezuela, Nicaragua, la República Dominicana, y los Estados Unidos. En todo caso, cuando se asume una postura a favor de la libertad de expresión, y la labor periodística, se ven amenazados los medios por los gobiernos dictatoriales como son los casos de Daniel Ortega, en Nicaragua, Nicolás Maduro, en Venezuela, Danilo Medina, en República Dominicana, y Donald Trump, en los Estados Unidos para solo referirme a algunos casos.

En los Estados Unidos de Norteamérica, hay muchas bocinas que defienden el gobierno de Donald Trump. Sin embargo, las mayores cadenas nacionales de noticias, de gran prestigio informativo defienden la constitución americana y la libertad de prensa, uniéndose al combate contra las violaciones de los derechos humanos, a las leyes de la nación, que protagoniza en todo caso el presidente Donald Trump. La prensa en ese sentido defiende la democracia en contra de un presidente que parece querer dirigir a la nación como si fuera un monarca, o un dictador.

Con mucha frecuencia la prensa en países del tercer mundo está ligada a los intereses de empresas ligadas a los gobiernos de turno, y los periodistas no ejercen la independencia de criterio al redactar la noticia, o al hacer sus análisis políticos donde se critiquen a funcionarios políticos, o al mismo gobierno. Si ejercieran esa labor a favor del pueblo como se observa en la postura del periódico The New York Time, The Washington Post, CNN, CBS, y otras empresas que hacen un periodismo de vanguardia a favor de la democracia, otra cosa fuera el nivel de vida en la República Dominicana y en la América Latina.

Ante estos vicios que arrastramos por siglos, no todo es negativo. Hoy las redes sociales han ido democratizando la comunicación a nivel mundial. Todos esos obstáculos que varias décadas atrás teníamos han ido desapareciendo. Hoy en día, cualquier persona puede transmitir sus ideas a través de un celular. Y si dispone además de un ordenador, entonces no tiene que inclinarse ante los faraones dueños de los grandes medios de comunicación social para que le hagan el favor de publicar lo que una persona desee hacer de público conocimiento.

En la actualidad, los recursos que la tecnología moderna han colocado en manos de los usuarios alrededor del mundo, le permiten transmitir noticias, fotos, y vídeos por las redes sociales sin tener que inclinarse ante los magnates que manejan el monopolio de la comunicación en muchos países donde se coarta la libertad de prensa.

La libertad de publicar noticias producidas por las redes sociales está contribuyendo a la democratización del periodismo digital. Esa facilidad en la transmisión de la noticia puede ser en ocasiones, un elemento distorsionador para el periodismo en las redes sociales debido a que no todos los que transmiten noticias, son periodistas profesionales. Las fuentes de donde surgen ciertas informaciones pueden ser de dudosa procedencia también. Un profesional del periodismo debe tener un estricto apego a la verdad al transmitir cualquier hecho noticioso pues el redactor debe estar guiado por una norma ética de comunicar datos fehacientes, en vez de falsas noticias.

Aunque los gobiernos, encuestadoras, los periódicos tradicionales, los periodistas y las redes sociales depuren y verifiquen sus fuentes, nadie esta inmune de no caer en el error de transmitir noticias falsas, pues todos los medios son vulnerables para que en ciertas ocasiones se filtren noticias falsas. Así que nadie puede lanzar piedras en el techado ajeno, por creerse estar libre de esa grave falta.

En todo caso, en esta babel de la comunicación mundial construida a base de los ladrillos que producen las noticias: falsas o verdaderas, el público siempre tendrá la opción de aceptar, o rechazar la información que ofrecen los medios.

El compromiso profesional de cualquier periodista, o comunicador social honesto, que se respete a sí mismo y que respete a los usuarios que le siguen en las redes sociales, o en los periódicos tradicionales siempre será escribir objetivamente, presentando los hechos apegados estrictamente a la verdad. Ese principio hará que los que abran las páginas, regresen a visitar el medio, o de lo contrario, no volverán a visitar esa página; si comprueban la falsedad de las noticias.