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domingo, febrero 15, 2026
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DeRozan, en territorio Jordan – AS.com



Casi a las puertas del All Star Weekend, el gran parón de la temporada regular, los Bulls son el mejor equipo del Este (38-21). Llevan cinco victorias seguidas, y aventajan en medio partido a Miami Heat y en dos a Milwaukee Bucks. Era un año que empezó con mucha ilusión en Chicago, pero ni los más optimistas podrían esperar un rendimiento similar. Y más con la plaga bíblica de problemas que ha ido acumulando el equipo de Billy Donovan, una muestra perfecta de cómo competir sin poner excusas, sin dejar llevar por el mohín cuando vienen mal dadas. Contra los Kings (118-125) siguieron las ausencias de larga duración (Lonzo Ball, Alex Caruso, Patrick Williams…) y faltaba también Zach LaVine, que se cuida una rodilla que no termina de estar del todo bien.

Pero está DeMar DeRozan, claro. En números y sensaciones de pelear el MVP. Y no es exageración: 38 puntos, 6 rebotes y 6 asistencias con un 16/27 en tiros de campo, inmaculado desde el triple (1/1) y la línea de personal (5/5). El alero anotó 12 puntos en el último cuarto, con sus movimientos marca de la casa, y dejó de jugar con inteligencia y precisión, por dentro para Vucevic (21 puntos, 10 rebotes), por fuera para Coby White (31+5+6, 6/11 en triples), brillante en un pista trasera improvisado pero ultra competitivo al lado del rookie Ayo Dosunmu, excelente en lo que es un sueño para un chico nacido y criado en Chicago.

Los Kings, vistas las bajas de los Bulls, perdieron una oportunidad en una noche muy buena en el tiro (51% total, 40% en triples, por encima del 90% en tiros libres). Porque necesitan sumar por donde pueden para ningún verso fuera del jugar en y batir todos los récords de temporadas seguidas sin playoffs de forma definitiva. Después de dos victorias tras la llegada de Domantas Sabonis, han perdido dos partidos y esa buena inercia, y están 26-31, a tres y medio del décimo puesto, donde se aferran con más energía de lo esperado a los Trail Blazers. Malas noticias para los Kings, que vieron como De’Aaron Fox (33 puntos, 9 asistencias) fue a menos tras un soberbio primer cuarto. Sabonis construyó esta vez 22 puntos, 12 rebotes y 8 asistencias.

Pero fue la noche de DeRozan, otra más en una temporada en la que lleva 21 partidos de al menos 30 puntos, ocho seguidos (los mismos que Michael Jordan enlazó por última vez en enero de 1996). Ronda el récord de los de 35 consecutivos con la camiseta de los Bulls, que el propio Jordan tiene establecido en 10. DeRozan, que tenía ocho años la última vez que Jordan y los Bulls fueron campeones de la NBA, ha enlazado siete. En la temporada promedia 28 puntos, 5 rebotes y 5 asistencias. Es el máximo anotador en los últimos cuartos y el segundo en tiempo de embrague (minutos finales de partidos igualados), donde anota el 54% de sus tiros totales, el 60% de sus triples y el 90% de sus tiros libres. En los últimos siete partidos (5-2 para su equipo, en cuadro), está en 38,6 puntos, 5,7 rebotes y 5,6 asistencias con un 60% en tiros de campo. Y ha batido uno de esos discos imposibles de Wilt Chamberlain: es el primer jugador de la historia que enlaza siete partidos anotando al menos 35 puntos con al menos un 50% en tiros de campo. Una marca que el gigante Wilt estableció (seis) en la temporada 1962-63.

Nada de lo que se pueda decir de DeRozan será exagerado ahora mismo. Es uno de los jugadores de la temporada, un motor fascinante de un equipo que compite siempreque doblega a las desgracias y que, casi metidos en el parón del All Star, manda en el Este más potente de los últimos años. Como en los tiempos de Michael Jordan, y eso es sinónimo de felicidad plena en Chicagouna ciudad que vuela ahora mismo sobre los hombros de un jugador diferencial, excelente, en el mejor momento de su vida: DeMar DeRozan.



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