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Altagracia Salazar
Un comentario de Diario Libre advierte hoy sobre el daño detrás de informaciones malintencionadas, como la supuesta epidemia de VIH que algunos decidieron regar con entusiasmo digno de mejores causas. El texto denuncia lo obvio: hay gente fabricando histerias digitales sin el menor interés en revisar los datos disponibles en el país o en organismos internacionales. Traducido al dominicano llano: primero se comparte, después —si queda tiempo— se piensa.
Lo de ayer fue una novela, yo no sé si hay novelas express pero eso fue lo que pasó con el cierre de la oficina de la Drug Enforcement Administration en República Dominicana, un retrato perfecto del ecosistema informativo criollo. En apenas una hora, el país pasó de una información sin contexto a un festival de teorías donde se mezclaban conspiraciones, ataques políticos, resentimientos personales y la imaginación desbordada de los opinadores de redes.
La aclaración del canciller no calmó las aguas; al contrario, obligó a otra aclaración diplomática que dejó claro que era un asunto interno. Pero para las posibles víctimas el daño estaba hecho. En la era del clic, la mentira corre en Ferrari y la verdad sale en bicicleta… sin cadena.
En la noche, cuando Acento adelantó la detención del jefe local de la DEA —confirmada luego por Associated Press— la burbuja de especulación se desinfló con la misma rapidez con la que había explotado. Como siempre, el escándalo murió sin dejar responsables, pero sí dejando claro que el rumor sigue siendo el principal combustible del debate público.
Un medio que no alcanzó a frenar su propio sensacionalismo insiste hoy en que el supuesto cierre explotó como una granada fragmentaria que dejaría daños colaterales. Lo cierto es que la única explosión real fue la de la desinformación, que en este país detona con facilidad y sin necesidad de pruebas.
Por más esfuerzos que hagan periodistas y medios serios por confirmar datos, siempre habrá sectores a los que la verdad les estorba. La desinformación no es un accidente: es un negocio, una herramienta política y, en muchos casos, un espectáculo.
Tampoco sería la primera vez que dentro de entornos diplomáticos se murmura sobre venta irregular de visas. Lo novedoso —si se confirma— sería que ocurra dentro de programas ligados a investigaciones criminales estadounidenses, donde el método es tan simple como peligroso: convertir a alguien en pieza de una investigación para abrirle una puerta migratoria que normalmente estaría cerrada.
La prensa estadounidense ha señalado que más de mil beneficiarios de ese programa han desaparecido del radar de las autoridades. Nadie sabe cuántos pasaron por territorio dominicano ni si alguien decidió mirar hacia otro lado.
Al final, como suele ocurrir en los grandes casos de narcotráfico o corrupción, el público espera nombres rimbombantes y termina encontrando ciudadanos comunes. Porque en República Dominicana el escándalo siempre promete terremotos… pero casi siempre termina en temblor leve.
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rewrite this title Cierre de la DEA en RD desanima a muchos. – Remolacha



