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jueves, febrero 22, 2024

Manatí antillano en República Dominicana

Santo Domingo (Prensa Latina) Reliquia de ríos y mares, el manatí, cuyo nombre en lengua indígena significa “con mamas”, es una especie en peligro de extinción que vive en las cálidas aguas del Caribe, siendo la pérdida de hábitat natural su principal amenaza.
Por Mariela Pérez Valenzuela

Corresponsal jefa en República Dominicana

Los dominicanos lo consideran un regalo muy especial de la Naturaleza y los expertos realizan estudios para lograr su supervivencia en las costas de esta nación caribeña.

Tres ejemplares del manatí Trichechus manatus (su nombre científico) apadrinados como Juana, Pepe y Lupita fueron liberados el 27 de junio de 2021 en la bahía artificial de Bayahibe, en la provincia La Romana (este).

Durante seis meses los técnicos se ocuparon de la preparación y el entrenamiento, antes de ser “entregados” al entorno natural, un mundo hasta entonces desconocido.

Un año después, los nacionales conocieron que Juanita fue encontrada muerta en el río Isabela. Muchos se preguntan si no hubiese sido mejor mantenerla en su refugio. Fue una experiencia triste.

Entonces, el Ministerio de Medio Ambiente, el Acuario Nacional y la Fundación dominicana de Estudios Marinos (Fundemar), crearon un proyecto destinado a la conservación del manatí antillano, que habita desde el golfo de México hasta la desembocadura del río Amazonas, en Suramérica.

No puede hablarse de belleza en el caso de este animal “amigable y tranquilo”. Corpulento, con una aleta terminal con forma de espátula, su piel es fina y arrugada, cubierta por lo general de algas y pequeños moluscos.

De cabeza grande, carece de cuello y hombros, como si fuera una sola pieza. Sus miembros delanteros, con garras, son flexibles y los emplea como un remo para trasladarse sobre el fondo, palpar e incluso abrazar a otros de su especie, mover el alimento y facilitar la limpieza de la boca.

Su leyenda en el reino animal lo sitúa como el único mamífero herbívoro aclimatado a vivir en las aguas y alimentarse de sus plantas.

En 2022 Fundemar firmó un acuerdo con la empresa local Planeta Azul para realizar el primer censo nacional de esta especie de gran tamaño y color gris con drones y avioneta, a fin de conocer su comportamiento y distribución, análisis que se completará este año.

Para garantizar la calidad del trabajo por primera vez se usó tecnología mixta, consistente en sobrevuelos con especialistas que recorrieron toda la costa en busca de ejemplares, y el uso de drones

La directora ejecutiva de la fundación, Rita Sellares, asegura que su población en las costas del país oscila, según datos preliminares, entre 150 a 250 prototipos.

Los científicos dominicanos sienten atracción por estos animales con caras arrugadas y simpáticos bigotes, y algunos coinciden en que son útiles como controladores de “malezas acuáticas”.

Por ello, desde el pasado junio comenzaron a profundizar en su hábitat. Los drones identificaron su comportamiento al ser fotografiados en el norte de la península de Samaná, donde las aguas de la zona son claras y tranquilas.

Equipos de última generación toman imágenes de la cola, lomo y cara, la densidad de la población, condiciones del entorno y otros indicadores, hasta completar un set para cada animal, al que se le asigna una identificación temporal, una suerte de huella dactilar provisional.

Al respecto, Sellares explicó que en esta fase del proyecto la caracterización se hace de forma manual, ya que no hay un software específico para manatíes, aunque se trabaja en alianzas para desarrollarlo.

Al explicar las ventajas del software, precisó que cada vez que se fotografíe un animal, se buscará en la base de datos dónde y cuándo se ha visto ese ejemplar.

El programa pretende darle un nombre a cada uno, conocer hacia dónde se desplaza y cómo sobrevive, lo cual aportaría información valiosa para su protección y contribuirá a que las comunidades costeras conozcan a sus amigos marinos, como ocurrió con Juana, Pepe y Lupita.

En esta iniciativa trabajan biólogos, técnicos y expertos en uso de drones y procesamiento de imágenes, con el apoyo del Ministerio de Medio Ambiente, la embajada de Alemania en el país, TotalEnergies, Grupo Piñeiro, Agua Planeta Azul y el Clearwater Marine Aquarium Research Institute de Florida.

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El Estado dominicano, que a corto plazo contará con el banco de datos creado por el grupo multidisciplinario, podrá proteger esas zonas en beneficio de la especie y la biodiversidad.

Quizás en uno de estos grupos algún día reaparezcan, para felicidad de los dominicanos, Pepe y Lupita, a lo mejor acompañados de sus nuevas familias.

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