Los números son claros: la segunda vuelta no existirá. Sin embargo, lo que se observa es la activación inmediata de una narrativa centrada en el recurso, la estrategia y la impugnación. Se dibuja un patrón preocupante: campaña de odio, fracaso electoral, acusación de conspiración y ahora la exigencia de revisión. La gran interrogante que plantea este momento es si estamos presenciando el ejercicio de un liderazgo que prioriza al ciudadano o la manifestación cruda de una fijación por el poder que ya se escapó. La preocupación por la gente parece quedar en segundo plano. Es fundamental observar con atención el discurso y sacar las propias conclusiones sobre la verdadera motivación.
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