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martes, febrero 27, 2024

Wesam Elaila, un testimonio desde la Gaza bombadeada

La historia de Wesam Elaila es una más de la de dos millones de gazatíes atrapados en una operación genocida. Elaila se disponía a salir de Gaza cuando se desató el horror. Desde entonces, su preocupación es proteger a los niños que tiene alrededor.

29 OCT 2023 18:12
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Este reportaje comenzó a labrarse el viernes 27 de octubre por la mañana. Gracias a la abogada catalana Pilar Rodríguez Suárez, El Salto se puso en contacto con Wesam Elaila, un ingeniero palestino de 39 años, casado y con un hijo de ocho años. Tras los saludos y presentación inicial, la revista le propuso enviar las preguntas por Whatsapp. Al cabo de un par de horas, Wesam dijo: “Perdón por la respuesta tardía, acabo de conectarme a la red. Enviaré mi experiencia personal que responderá [a las preguntas] tan pronto como sea posible, quizás durante el día de hoy”. Pero la comunicación se detuvo. Los mensajes dejaron de llegar. Ni su abogada, ni su hermano, que vive en Sevilla, sabían nada de él. Es una sensación terrible la de desear que una persona esté solo aislada del mundo. Pocas horas después de que Israel cortara la señal de teléfono e internet al enclave, comenzó a bombardear Gaza. Fuentes locales independientes contaron hasta 100 aviones participando en el bombardeo.

El domingo 29, Wesam respondió a los mensajes. Con terrible honestidad, respondió la verdad a la pregunta de si estaban bien. Apenas cinco horas antes de recuperar la conexión, un F16 destruyó la casa donde se había refugiado con su familia. Esta es su historia.

Wesam nació en la ciudad de Gaza, donde pasó su infancia y juventud. Después de graduarse como ingeniero industrial en Gaza, viajó a Emiratos Árabes Unidos en busca de “trabajo, estabilidad y la realización de sus ambiciones”. Trabaja en el campo de la construcción allí.

Gaza antes del 7 de octubre

En julio de este año, regresó con su familia para pasar las vacaciones de verano y reunirse con sus parientes después de años de separación, debido a las dificultades para viajar a Gaza por el bloqueo al que le somete Israel desde 2007. Los gazatíes nunca estaban seguros de si habría estabilidad, tampoco antes de que comenzara la actual guerra.

Wesam señala que la gente allí había aprendido a convivir con las crisis y a menudo encontraba soluciones originales. “La vida parecía ser algo normal y en su nivel mínimo”, afirma el ingeniero

Wesam señala que la gente allí había aprendido a convivir con las crisis y a menudo encontraba soluciones originales. “La vida parecía ser algo normal y en su nivel mínimo”, afirma el ingeniero, pero sostiene que, en el fondo, todo el mundo estaba completamente convencida de que Gaza siempre estaba al borde del abismo. A menudo, sus amigos le recordaban que la aparente calma no reflejaba la realidad.

Después de años en el extranjero, Wesam se sorprendió de la cantidad de parques y de oferta de entretenimiento tanto para niños como para familias. Muchas áreas de juego nuevas, cerca de cafés y restaurantes con vista al mar. Un mar que servía como la única escapatoria, único horizonte donde relajar la vista. Único horizonte que no terminaba en una valla. Cuando iba allí, Wesam respiraba “la vitalidad y el amor por la vida”. No se parecía a lo que aspiran los habitantes de otros países, pero eran agradables.

A principios de septiembre, su esposa e hijo regresaron a los Emiratos Árabes Unidos porque allí había comenzado el año escolar. Wesam había solicitado una visa española, y su pasaporte aún estaba en el consulado español en Jerusalén a la espera de completar la burocracia, por lo que él no podía regresar. Después de meses, le otorgaron la visa justo una semana antes de la guerra que no imaginaba que era inminente. Estaba ansioso por visitar España para encontrarse con su hermano y su familia, que viven en Sevilla. A su sobrino, nacido allí, solo lo ha visto a través de fotos y videos. Y a su hermano no le ve desde hace cinco años.

El 5 de octubre terminó de planificar su viaje y se registró para cruzar la frontera de Rafah. Allí esperaría su turno para pasar a Egipto. Los palestinos no pueden salir de su país cuando quieren. Quedaban cinco días para su viaje. Compró billetes para el 10 de octubre. Estaba feliz. Entonces no sabía que estaba a punto de vivir la peor experiencia de su vida.

Después del 7 de octubre

La madrugada del 7 de octubre, se despertaron con los ensordecedores sonidos de las explosiones. Pudieron la tele y supieron que las fuerzas de Hamas estaban llevando a cabo operaciones en el este de la franja. Inmediatamente, el miedo y el pánico los invadieron al anticipar lo que estaba a punto de suceder. Wesam está con su familia extendida, es decir, con sus padres, sus hermanos casados y sus sobrinos. Son 10 personas en total. Vivía en un espacioso apartamento en el sexto piso de un edificio de gran altura muy cerca del Hospital Al-Quds, uno de los más importantes de Gaza. Es un barrio de clase media-alta que se llama Tal Al-Hawa, en el corazón de la ciudad de Gaza.

75 familias enteras han sido eliminadas ya en estas tres semanas. No queda ningún miembro vivo

Las familias de Gaza se enfrentan cada noche a un gran dilema: dormir todos juntos para que si una bomba cae en su casa mueran todos, y evitar así el sufrimiento desgarrador de los supervivientes, o repartirse entre diferentes habitaciones con la esperanza de que, si su casa es atacada, alguno de sus miembros pueda recordarle al mundo que allí vivía una familia. 75 familias enteras han sido eliminadas ya en estas tres semanas. No queda ningún miembro vivo.

Foto Wesam Gaza

Foto Wesam Gaza
La casa en la que se refugiaba Wesam en Gaza fue destruida por un F16. EL SALTO

Los Elaila decidieron dormir juntos. Ha perdido la cuenta de las veces que han temblado las pareces por el sonido de los misiles lanzados desde los aviones y las explosiones aterradoras que a veces sacudían aún más fuerte el edificio. Es como vivir varios terremotos cada noche. Los llantos de los niños es lo que más impresiona durante esos momentos. Controlar las propias emociones para intentar calmar el miedo de los pequeños resulta terriblemente difícil.

En la tercera noche, la intensidad y el sonido del bombardeo aumentaron hasta el punto en que creyeron imposible quedarse en el apartamento. Evacuaron en cuestión de minutos y buscaron refugio en el cercano Hospital Al-Quds, junto con otros miles de residentes del barrio. Pasaron una noche allí y regresaron por la mañana. “La luz del día a veces alivia el miedo de la noche” explica Wesam, que no ha perdido la capacidad de expresión poética en medio del horror.

El sufrimiento empeora cada hora que pasa. Comen solo una vez al día, según lo disponible. Luchan por conseguir agua a diario. No les llega para almacenarla para períodos más largos

Había miles de personas reunidas en esta área y en las escuelas de la UNRWA; hay seis de ellas en el barrio. Volvieron a su casa para recoger algunas pertenencias, un poco de ropa básica y se volvieron a ir. No sabían que era la última vez que verían su hogar. Se marcharon, utilizando el transporte disponible, al Campo de Refugiados de Nuseirat, donde unos parientes los acogieron en su pequeña, sencilla y vacía casa. Responde a las preguntas desde allí.

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