21.7 C
Santo Domingo
domingo, marzo 22, 2026

El ADN antiguo revela un cambio agrícola que llevó a una sociedad al borde del abismo


Un nuevo estudio interdisciplinario publicado en Naturaleza rastrea más de 2.000 años de historia poblacional en el Valle de Uspallata (UV) de Argentina, un extremo sur clave de la antigua agricultura andina. La investigación ofrece nuevos conocimientos sobre cómo la agricultura reformó las sociedades y cómo las personas afrontaron largos períodos de dificultades. Al combinar ADN humano y patógeno antiguo con datos isotópicos, arqueología y registros paleoclimáticos, y trabajar en estrecha colaboración con las comunidades indígenas Huarpe, el equipo muestra cómo los cazadores-recolectores locales adoptaron la agricultura, cómo las sociedades posteriores basadas en el maíz enfrentaron un estrés sostenido y cómo las fuertes conexiones familiares pueden haber ayudado a las personas a soportar la inestabilidad.

Una pregunta de larga data es si la agricultura se extendió principalmente a través de agricultores migratorios o a través de grupos locales que adoptaron cultivos y técnicas. La evidencia arqueológica por sí sola a menudo no puede separar claramente estas posibilidades, ya que ambas pueden producir restos materiales similares. El Valle de Uspallata brinda una oportunidad única para explorar esta cuestión porque la agricultura llegó allí más tarde que a otras partes de América del Sur.

Investigadores dirigidos por la Unidad de Paleogenómica Microbiana (MPU) del Institut Pasteur analizaron el ADN antiguo de todo el genoma de 46 individuos, que abarcan desde los primeros cazadores-recolectores hasta las poblaciones agrícolas posteriores. Los resultados muestran una fuerte continuidad genética entre los cazadores-recolectores (hace ~2200 años) y las personas que vivieron más de 1000 años después a medida que se extendía el cultivo de maíz y otros cultivos. Esto sugiere que la agricultura fue adoptada en gran medida por las poblaciones locales en lugar de introducida por grandes grupos entrantes.

Raíces genéticas profundas y continuidad indígena

Los hallazgos también llenan un vacío importante en la comprensión de la historia genética de las poblaciones del sur de los Andes. «Más allá de la historia local de Uspallata, también estamos llenando un vacío en la diversidad genética humana de América del Sur al documentar un componente genético que antes solo se sugería mediante el análisis de las poblaciones actuales, y que ahora demuestra tener una divergencia muy profunda y una persistencia actual en la región», explica Pierre Luisi, coprimer autor del estudio, investigador del CONICET, Argentina, quien inició este trabajo como postdoctorado en el MPU del Instituto Pasteur, Francia.

«La persistencia de este componente genético ancestral en las poblaciones actuales tiene implicaciones importantes, ya que argumenta en contra de las narrativas que afirman la extinción de los descendientes indígenas en la región desde el establecimiento y crecimiento del Estado-nación argentino».

Dieta, movilidad y cambio hacia el cultivo intensivo de maíz

Para comprender la vida cotidiana, los investigadores analizaron isótopos estables conservados en huesos y dientes. Los isótopos de carbono y nitrógeno revelan una dieta a largo plazo, mientras que los isótopos de estroncio indican dónde vivió una persona y si se mudó durante su vida.

Los datos muestran que el consumo de maíz cambió con el tiempo, lo que apunta a prácticas agrícolas flexibles en lugar de un cambio constante hacia una dependencia agrícola total. Sin embargo, hace aproximadamente 800 y 600 años, surgió un patrón diferente en un importante sitio de enterramiento llamado Potrero Las Colonias. Muchos individuos allí dependían en gran medida del maíz (entre los niveles más altos registrados en los Andes del sur) y mostraban firmas de estroncio no locales, lo que indicaba que se habían mudado a la zona. ¿Quiénes eran estos inmigrantes y de dónde venían?

Migración, declive y signos de estrés

Más evidencia genética e isotópica sugiere que estos inmigrantes procedían de regiones cercanas y no de poblaciones distantes. Estaban estrechamente relacionados con grupos locales y formaban parte de la misma red de población más amplia. Aun así, los datos genómicos revelan que este grupo experimentó una disminución poblacional pronunciada y a largo plazo, lo que indica un estrés continuo a través de generaciones.

Múltiples líneas de evidencia apuntan a una crisis compleja. Los registros paleoclimáticos muestran períodos prolongados de inestabilidad ambiental que coinciden con la disminución de la población. A nivel individual (vida de los individuos), los restos óseos muestran signos de desnutrición y enfermedades infantiles. El ADN antiguo también reveló tuberculosis en el sitio, perteneciente a un linaje conocido de América del Sur anterior al contacto. Su presencia tan al sur, más allá de áreas previamente documentadas en Perú y Colombia, plantea nuevas preguntas sobre cómo se propagó y persistió la enfermedad.

«Detectar tuberculosis tan al sur en un contexto previo al contacto es sorprendente», afirma Nicolás Rascovan, jefe de la Unidad de Paleogenómica Microbiana del Instituto Pasteur. «Amplía el marco geográfico para comprender cómo circuló la tuberculosis en el pasado y destaca el valor de integrar la genómica de patógenos en reconstrucciones más amplias de la historia humana».

Las redes familiares ayudaron a las comunidades a sobrevivir

El análisis genético de las relaciones familiares añade otra capa importante. Muchos de los migrantes estaban estrechamente relacionados, pero fueron enterrados en diferentes momentos, lo que sugiere un movimiento multigeneracional en curso hacia el valle. Estas redes de parentesco estaban organizadas en gran medida a través de líneas maternas, con un linaje mitocondrial dominante, lo que apunta a un papel clave de las mujeres en el mantenimiento de la continuidad familiar y la coordinación del movimiento.

No hay evidencia de conflicto violento y, en ocasiones, los lugareños y los recién llegados fueron enterrados juntos, lo que sugiere una coexistencia pacífica.

En conjunto, los hallazgos indican que la migración basada en vínculos familiares sirvió como estrategia de supervivencia durante presiones superpuestas: inestabilidad ambiental, escasez de alimentos y enfermedades. «Ninguna comunidad agrícola abandona los campos y las casas a la ligera», dice el arqueólogo y coautor principal Ramiro Barberena, investigador del CONICET. «Nuestros resultados son más consistentes con personas que se mudan bajo fuerza mayor, confiando en redes familiares para afrontar la crisis».

Barberena añade: «Comprender cómo se desarrollaron estas transiciones y qué significaron para la demografía, la economía y la salud nos ayuda a comprender mejor los caminos que dieron forma a las sociedades actuales y a pensar en los riesgos y desafíos del cambio climático y las presiones demográficas».

Trabajar con comunidades indígenas

El estudio también enfatiza la importancia de la colaboración con las comunidades indígenas. Miembros de la comunidad Huarpe participaron durante todo el proceso de investigación, contribuyendo a la interpretación y el encuadre narrativo. Tres miembros de la comunidad fueron coautores del estudio (Claudia Herrera, Graciela Coz y Matías Candito). Las discusiones en curso ayudaron a abordar los permisos, las incertidumbres y cómo se compartirían los hallazgos. También se produjo una versión en español con explicaciones accesibles para apoyar la participación local.

«La arqueología y la paleogenómica no son neutrales cuando se refieren a los antepasados ​​de los seres vivos», afirma Rascovan. «Trabajar con comunidades cambia la forma en que hacemos ciencia: da forma a las preguntas que hacemos, cómo interpretamos la evidencia y cómo comunicamos lo que podemos y no podemos concluir».

Repensar cómo la agricultura dio forma a la historia humana

En términos más generales, la investigación muestra que la transición a la agricultura, uno de los cambios más transformadores en la historia de la humanidad, no siguió un camino único. Más bien, se desarrolló de manera diferente según los entornos locales y la dinámica social. Al combinar datos genéticos, arqueológicos, ambientales y de patógenos, el estudio revela cómo las comunidades antiguas enfrentaron desafíos superpuestos como la inestabilidad climática, el estrés alimentario y las enfermedades.

Estos conocimientos a largo plazo sobre cómo las personas se adaptaron y sobrevivieron, especialmente a través de la cooperación y las redes familiares, ofrecen una perspectiva valiosa para comprender la resiliencia frente a los desafíos climáticos y de salud modernos.



Source link

Salir de la versión móvil